Cuando la educación es un negocio

March 11, 2009  |  Personal

Durante mi adolescencia, por razones que no vienen al caso, dejé de estudiar en primero de bachillerato. Una decisión que, dentro de que pudiera ser mejor o peor, marcó mi caracter y mi vida de una forma única.

Trabajé más o menos durante unos años y en el año 2001 decidí matricularme en un centro de bachillerato de adultos, para poder ir sacando algunas asignaturas, poco a poco, sin prisa pero sin pausa. La realidad es que ese año saqué alguna asignatura, creo que Religión o algo por el estilo. Seguía trabajando y no le presté mucha atención.

En el 2002 volví a matricularme de nueve asignaturas que me quedaban en primero. No saqué ninguna asignatura, quizás una. Por aquel entonces me fui a trabajar a Cataluña. Cuando volví en el 2003, quise matricularme en el máximo de asignaturas que podía juntando las de primero y segundo de bachillerato, 18 asignaturas.

Desde la funcionaria de la secretaría hasta mis amigos, pasando por mis padres me dijeron que sería imposible sacar 18 asignaturas, pero gracias a una norma de flexibilidad del ministerio de educación era factible hacerlo. Una locura, pero factible.

Durante el primer y el segundo trimestre no estudié nada, aunque me presenté a algunos exámenes. Legó Mayo y aprobé dos asignaturas de primero de bachillerato. Quedaban 16 asignaturas que aprobar.

Inciso: Hoy considero que los consejos que me dieron fueron acertados, pero si hay una cosa de la que puedo sentirme orgulloso es que cuando algo se me mete entre ceja y ceja, no paro hasta que lo consigo.

Y entonces pasó. Decidí apuntarme a una academia, y durante los meses de Julio y Agosto asistí a clase durante 10 horas diarias para prepararme las asignaturas y la selectividad. 16 asignaturas, las más duras.

Y aprobé 16 asignaturas y la selectividad. 7,26 de nota media. En dos meses, gracias a esa flexibilidad.

¿A que viene todo esto?

A que las asociaciones religiosas, alegando que esta flexibilidad “afecta a la configuración de los centros privados” han conseguido que el Supremo dicte que va contra la ley.

Pues mi respuesta es que si les afecta, que dejen el negocio. Yo respeto que ellos sean centros religiosos de educación financiados con fondos públicos en mi país aconfesional, pero espero que ellos no hagan que alumnos como yo tengan que verse obligados a estar un año más sólo porque un centro privado quiera que sus alumnos se matriculen en cursos completos.

La educación no debería ser un negocio para nadie, debería ser completamente pública y deficitaria, al igual que la Sanidad, y no deberíamos permitir que chupasangres de ningún tipo tuvieran derecho a jugar con las ilusiones y el esfuerzo de los alumnos.

No hay un bachillerato de tres años encubierto. No afecta a los alumnos. El supremo ha decidido a favor de la ley, sí, pero hoy han ganado los chupasangres.

Hemos perdido todos. Han ganado, otra vez. Y ya van N.


4 Comments


  1. Esto parece un club… Yo me saqué 8 asignaturas en 4ª convocatoria un verano, lo que implica 1 fallo y a la calle (en tercero de carrera). Era un centro privado y les fastidió bastante: quedaba demostrado que no hacía falta ir a clase (debatiendo “casos” aportando experiencias diversas que te garantizan una visión amplia y blablablablablabla) para sacarse los estudios. Ergo, no había mucho sentido en pagar 11k al año (más allá de tener un título de esa universidad).

    Aún así, creo que estás equivocadísimo en el penúltimo párrafo. Y creo que equivocadísimo es poco. Si tienes ganas de que sea deficitária, empieza pagando la de todos tus vecinos hasta que pierdas tu patrimonio. Igual tu ejemplo me conmueve y hasta me uno ;-)

    Lo que se debiera hacer según tu ejemplo, es unos exámenes oficiales. Y punto. Da igual si no estudio, si hago homeschooling, si voy a la pública o a la privada. De ese modo, no habría “chupasangres”, sino libertad.

    Según mi pensamiento, no debiera haber ni el apartado anterior. Ni centros públicos. Aunque como hoy me he levantado de buenas, podría llegar a aceptar un cheque escolar :-P

  2. @Diego El problema es que no se prima la capacidad de obtener resultados, sino la capacidad de esfuerzo, entendiéndose esfuerzo como la capacidad de ir a clase y mirar al infinito hasta que se te ablanda el cerebro y se te vuelven los ojos.

    quedaba demostrado que no hacía falta ir a clase (debatiendo “casos” aportando experiencias diversas que te garantizan una visión amplia y blablablablablabla) para sacarse los estudios. Ergo, no había mucho sentido en pagar 11k al año

    1984 demostró que para poder sorberle los sesos a la gente, hacen falta muchas horas de sorberse los sesos a uno mismo y a los demás. Antes ya lo había hecho el magnífico cuento costumbrista “El traje del emperador”

    Y sí, estoy de acuerdo, no debería existir este circo y fiestas asociadas, y a lo mejor hasta mejoraban las cosas. ¿Pero entonces de que viviría el 65% de la población de este Estado Español, directa e indirectamente durante tantos años?

    El problema es que si señalas mucho con el dedo al emperador, te señalan con el dedo y te llaman radical. De pequeño me mintieron, me mintieron demasiado.

  3. “¿Pero entonces de que viviría el 65% de la población de este Estado Español, directa e indirectamente durante tantos años?”

    De lo mismo que tú y yo… de levantarse todos los días demostrando que aportas valor.

  4. Jero, a mí estas denuncias me pasa como a ti, me parecen incomprensibles. Y ya no solo las congregaciones religiosas, hay un partido al que le oído decir que “se está desprestigiando al peor Bachillerato de Europa”. Toma ya.

    ¿Pero no es esto lo que sucede en cualquier carrera Universitaria? ¿Por qué dar esa flexibilidad en una carrera es bueno y en el Bachillerato no? No entiendo cómo algunos tienen la cara de defender algunas cosas, no lo entiendo.