El malo de la película ó como afrontar los conflictos

08/15/2012

En ocasiones, debido a la dinámica de las situaciones sociales, nos encontramos con situaciones difíciles de abordar cuando se trata de mantener relaciones con otras personas. Los conflictos no son una ciencia sencilla. Implican muchos factores distintos: la motivación de las personas, las experiencias pasadas, las expectativas futuras y valores, que se mezclan en un cóctel manejado por un camarero imprevisible, el cerebro.

Así, nos encontramos a veces en situaciones en las que se califican las acciones que realizamos de “buenas” y “malas”; en consecuencia se etiqueta a las personas que intervienen en esas relaciones, en un continuo que puede saltar del “malvado” al “pobrecito”, pasando por muchos estadíos intermedios.

Lo malo de esta situación es que no podemos elegir el papel que nos ha tocado jugar en un determinado conflicto, sino que solamente podemos asistir al juicio que los demás hacen del mismo, lo cual da lugar muchas veces a desajustes emocionales que nos hacen pensar que estamos equivocados y lo injusta que es la situación que nos toca vivir, al tener que tener un papel u otro, exclusivamente por la percepción de nuestro entorno social.

Ejemplos de situaciones de conflicto

Analicemos detenidamente cuatro conflictos relativamente contidianos.

  1. Papá prohibió a Cristina ir de vacaciones con sus amigas por no haber obtenido el rendimiento escolar que debiera.
  2. Paco despidió a tres de sus comerciales porque no consiguen los resultados esperados después de dos trimestres consecutivos.
  3. Carlos decidió romper con su pareja porque no soporta que habitualmente no respete las decisiones que habían tomado juntos, le haga esperar periodos de no menos de 30 minutos cada vez que quedan juntos y siempre exponga excusas.
  4. María se negó a ir a la reunión familiar porque no soporta que su cuñada cuestione siempre su manera de vestir y sus peinados.

En los cuatro casos expuestos hay que tener en cuenta dos factores: la responsabilidad y los límites. Si analizamos detenidamente cada uno de los casos, vemos que existe por un lado una omisión de la responsabilidad propia y por otro lado una transgresión de límites.

En los dos primeros casos la falta de responsabilidad es clara. Cristina suspendió varias asignaturas, lo que le obligaba a estudiar en Verano. Su padre decidió que no iría de vacaciones y le propuso aplazarlo hasta que hubiera recuperado todos sus exámenes. Cristina consideró que aquello era injusto y así lo explicó a sus amigas, a su madre y a su hermana. Amparándose en el esfuerzo realizado y en la falta de consideración de su padre y apoyada por su progenitora pero no por su hermana, generó una situación de hostilidad que provocó que las vacaciones de su padre fueran un infierno. Carlos ahora era “el malvado padre que no quería dejar que su hija, que tanto se había esforzado -a pesar de suspender tres asignaturas- le dejara vivir su adolescencia”.

Una mañana, Paco descubrió que los tres comerciales que había despedido -amigos desde hacía muchos años- habían montado una acción en los medios para exponer su despido. A pesar de que Paco se empeñó en explicar que se había intentado continuar con la relación laboral, había sido imposible debido a que los malos resultados provocaban que ni siquiera las ventas que hacían aquellos comerciales cubrían sus costes laborales. Incluso intentó explicar que se les había despedido con indemnización máxima. A partir de entonces Paco tuvo que soportar ver como los comentarios que le llegaban a su mujer, padres e hijos hacían referencia a lo mala persona que era y lo mal que trataba a los que tenía alrededor. Varios meses después descubrió su coche con las ruedas rajadas y un tatuaje en el capó que rezaba “hijo de puta”.

En el tercer caso, Carlos lo pasó realmente mal. Después de mucho meditarlo, pensó que tenía dos opciones: aceptar que la situación de “ninguneo” continuaría indefinidamente o cortar con la relación. El problema era que eso implicaba tener que tomar una decisión. Los límites de Carlos estaban claros, pero en este caso, el problema no era la falta de responsabilidad de su novia, sino de la falta de consideración con los mismos. La novia de Carlos era una chica responsable, pero consideraba que “no era para tanto”. La reacción de ella fue: “Has hecho una montaña de un grano de arena”. Pocos meses después encontró a un tipo que prefería sentirse ninguneado a estar sólo. Hoy hacen una gran pareja.

En el caso de María, la línea se difumina un poco más. Existe una transgresión de límites, pero se enmascara con lo que parece una rabieta. La relación de María con su cuñada al principio era buena, sin embargo fue deteriorándose en el momento que los comentarios sobre ciertos aspectos físicos de María fueron haciéndose habituales. Un día, María decidió poner un límite, a lo que su cuñada respondió explicándole que “no era para tanto” y que “ella nunca había dicho nada de lo que ella decía”. Así lo expuso también a todos los miembros de la familia, en público y en privado. Cuando María dejó de asistir a las reuniones familiares, su marido tuvo que escuchar como le decía que había contraido matrimonio con una “loca”.

Razones por las que las personas no quieren ser los villanos

Las personas sabemos cuando nos va a tocar hacer un papel difícil, y en base -de nuevo- a nuestras expectativas, experiencias pasadas y habilidades sociales, decidimos afrontar o no ese papel. Algunas de estas razones son:

  • Temor a ser percibido como una persona desconsiderada e insensible por parte de la familia y de la sociedad
  • Incapacidad de tomar decisiones, tener una imagen propia muy pobre respecto de la capacidad de poner límites
  • Incapacidad de hacerse respetar y de defender el respeto que merecen los demás
  • Falta de agallas, valor, coraje
  • Negligencia emocional
  • Irresponsabilidad e inmadurez
  • Doble moral

Dos problemas finales

El primero, es que vivimos en entornos sociales, donde las decisiones que tomamos a veces se ven enmascaradas por la niebla social de nuestro entorno. Una decisión desacertada en un entorno social puede ser una decisión socialmente aceptada en otro entorno. Como ejemplo extremo podríamos exponer que los miembros de bandas callejeras realizan acciones para ser admitidos en las mismas que son punibles social y penalmente en otros ámbitos.

El segundo, es que todos nuestros actos tienen consecuencias para nuestro modo de vida. Así, a pesar de que Carlos se sienta mal tratado por su pareja, puede preferir aceptar ese trato a estar sólo. El quid de esta segunda cuestión es que probablemente, a medio o largo plazo, su pareja detecte su falta de carácter o incluso su baja autoestima -porque todas estas situaciones provocan variaciones en la autoestima- y decida que no quiere seguir con él.

Conclusión

Aquel que se pone en el papel del “malo de la película” sabe que la vida no es justa. Sabe que la vida es aquello que se construye eligiendo día a día y tomando decisiones, placenteras y displacenteras, y vivendo con las consecuencias de las mismas. El “malo de la película” también sabe que las decisiones importantes que tome, no serán siempre bienvenidas, ni percibidas como positivas por los demás, pero resultarán beneficiosas para la mayoría, a largo plazo.

Se requiere mucha madurez, solidez y equilibrio emocional, (además de valor), para ocupar el lugar del villano. Mucha gente prefiere no tener que poner límites, prefiere ser visto siempre como una “buena” persona, incluso si lo que hacen no es en el mejor interés propio o de los demás.