Este año se ha convertido en un año de salto profesional para mí. A pesar de que siempre me he sentido contento con mi desarrollo profesional en España, han surgido nuevas oportunidades que me están permitiendo ampliar mucho mi alcance en el área del desarrollo personal.
Además del trabajo que he realizado con la Universidad y de todo lo que estamos preparando para el año próximo, este año he tenido la oportunidad de viajar a Uruguay y colaborar con un proyecto de la fundación Juntos Mejor en el departamento de Soriano. Además, el gobierno de la provincia de Mendoza, Argentina me ha invitado a participar como ponente principal en EMPRENDER 2011, un evento que se realiza durante los días 27-30 de Septiembre y que atrae a emprendedores de toda Argentina. Por último, es probable que a principios de Octubre imparta varios Workshops sobre Coaching e Inteligencia Emocional en Santiago de Chile. Durante mi estancia en Uruguay también salió la posibilidad de impartir un curso de tres días en Montevideo sobre metodologías ágiles (Scrum+Kanban).
En honor a la verdad, he de decir que el proyecto docente que estamos realizando en Cardona es de caracter voluntario. Sin embargo, me ha permitido conocer la diferencia cultural e introducirme aún más de este lado del charco, estableciendo nuevos contactos, y sobre todo aprendiendo cómo se hacen las cosas por aquí. Eso me ha permitido explorar proyectos en Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. Proyectos que, de haber tenido que esperar en España, nunca hubieran salido adelante.
Me siento contento con el rumbo que están tomando las cosas, ya que además de todo esto, en Septiembre anunciaremos dos nuevos emprendimientos relacionados con el mundo de la educación.
Mi creencia de que si aportas de forma desinteresada recibes de vuelta aquello que has aportado se hace cada vez más fuerte.
Manolo, el hijo de Encarna, la hermana de la cuñada de mi vecina del bajo, tiene dos carreras universitarias. Y mi vecina, que sufre mucho estas cosas, me cuenta que no encuentra trabajo y que es increíble que el muchacho, teniendo dos carreras universitarias y dos master, no encuentre trabajo.
Claro, el muchacho tiene 34 años, ninguna experiencia laboral y con dos carreras universitarias no está dispuesto a aceptar ningún puesto que le obligue a empezar desde abajo, porque ya que él ha hecho dos carreras, se merece un puesto de trabajo acorde.
Hoy en día, muchas empresas sólo piden titulación universitaria porque es garantía de que has pasado un mínimo de tres años trabajando para lograr un mismo objetivo, señal de perseverancia. Un precio muy caro en una sociedad donde sólo algunas cosas son gratis.
Manolo, ¿Cuando vas a empezar a luchar por aquello que quieres y dejar de rogar aquello que crees que te mereces?
La foto del artículo tiene una licencia Creative Commons y es de Mikel Agirregabiria
Las profecías autocumplidas, conocidas como el efecto Pigmalion, se producen por una estrategia mental que crea unas expectativas con respecto a algún hecho determinado, en las que al creer nuestra propia profecía, generamos inconscientemente el caldo de cultivo para que estas se produzcan, reforzando posteriormente nuestro sentimiento de intuición. Foto: Julie Kertesz
En 1968, Roshental y Jacobson realizaron un experimento en un colegio del sur de San Francisco con el fin de comprobar como nuestras propias expectativas sobre algo terminan por determinar el resultado de un hecho. En este caso se trataba de cómo las expectativas de los profesores para con sus alumnos tienden a cumplirse.
Los investigadores administraron un test de inteligencia no verbal a los alumnos de infantil y de primera, aunque dijeron alos profesores que los test servirían para identificar a aquellos niños que pudieran tener un progreso intelectual repentino y brusco durante el curso. Posteriormente informaron a los profesores sobre qué niños habían obtenido un resultado superior en el test, aunque en realidad esos niños habían sido escogidos de manera aleatoria.
El objetivo era que los profesores se construyeran unas expectativas sobre los alumnos a partir de una información que no era real, y comprobar si esta nueva forma de ver a los niños influía sobre su comportamiento hacia ellos. Más tarde se repitieron las pruebas a todos los alumnos y se comprobó que el grupo de los alumnos más prometedores había mejorado realmente su puntuación más que los demás, y la mejoría se mantenía dos años después.
Aunque la diferencia entre los niños prometedores al principio no era real , al residir en la mente de los profesores que sí lo era se produjo un efecto de profecía autocumplida que provocó que este grupo de alumnos prometedores subieran más que la media de sus compañeros.

