Piensa por un momento en alguna organización en la que hayas participado a lo largo de tu vida: puede ser un grupo estudiantil, una empresa, una asociación o quizás un grupo scout. Si tuvieras que definir en una palabra cual era el estado de ánimo de esa organización, ¿Cual sería?
Independientemente de tu respuesta, que queda para ti, podemos hacer una división a grosso modo de cualquier organización por su estado de ánimo en tres tipos: Estados de ánimo positivos, estados de ánimo neutros y estados de ánimo negativos. Independientemente de las emociones concretas de una persona de la organización en un momento dado -una foto fija- hay ciertos estados de ánimo presentes en la organización que se perpetúan a lo largo del tiempo. Así, por mi experiencia, si el estado de ánimo presente en un grupo Scout es el pesimismo, se traduce en ciertas actitudes y comportamientos que permanecerán inalterables a lo largo del tiempo. Este efecto de perpetuación produce un sesgo -una percepción distorsionada de la realidad- que termina por convertirse en realidad. La pregunta es ¿Se convierte en realidad porque tiene que ser así o el efecto de los estados de ánimo ha influido en que se convierta en realidad?
Vayamos al ejemplo de la crisis. Durante los años de bonanza (2002-2007) conocí a varias personas que, a pesar de no tener muchos ingresos y tener que hacer grandes esfuerzos para salir adelante, siempre veían la situación general de forma optimista, e incluso hicieron inversiones por las que a largo plazo no iban a poder responder si la situación general cambiaba un poco. Sin embargo, estas personas contribuían a la burbuja inmobiliaria (“Hay que comprar”, “Alquilar es tirar el dinero”) y financiera. Ahora estas mismas personas achacan a la crisis todos sus males y maldiciones, y difícilmente asumirán su propia responsabilidad -en caso de que la tenga, tema que no entraré a juzgar-. Por tanto, el optimismo también puede conducir a desdeñar peligros. [1]
Uno de los componentes emocionales de las dos épocas (Bonanza y crisis) es la ansiedad, que también se encuentra presente en muchas empresas. Es cierto que una pequeña dosis de ansiedad incita al movimiento, sin embargo, a largo plazo, esta ansiedad se traduce en una disminución del desempeño, y se cae en la apatía por no poder nunca lograr lo que se pretende. Es el caso de algunas empresas donde hay proyectos que llevan “en crisis” años.
Por ello, las personas que participan de estas empresas, están avocadas a medio plazo a abandonar o a cambiar en la escala jerárquica de la organización. Es el caso de una persona que tiene un puesto de trabajo fijo, estable, que le proporciona satisfacción y lo abandona por un puesto laboral del menor capacidad en términos económicos y de reto para poder así ser feliz. Las personas necesitamos emociones positivas.
Un excelente video para programadores y usuarios de metodologías como Scrum y Kanban, reflexionando en la historia, motivación y la incompresión asociada con la deuda técnica, que tan difícil es de entender en la mayoría de las empresas con las que trabajo. (En inglés)
