Posts Tagged ‘el sentido de la vida’
La actitud que tomamos ante las cosas que hacemos es una muestra de si entendemos el verdadero sentido de la actividad que estamos llevando a cabo. En ocasiones una actividad tediosa la hacemos para complacer a alguien, o porque simplemente hemos de hacerla. Esas mismas ocasiones nos produce una desazón el realizar la actividad, hasta tal punto que queremos terminar lo antes posible con tal de dedicarnos a otra cosa que nos motive. Ésta es una pequeña leyenda para comprender cómo tres personas iguales con tres trabajos iguales pueden tener una actitud tan distinta. Foto: Pablo César Pérez González
Cuenta la leyenda que un viajero francés realizaba a caballo el Camino de Santiago y que al pasar cerca de Miranda de Ebro, en la confluencia de las actuales provincias de Burgos, Logroño y Vitoria, avistó una cantera. Observador avezado, se quedó perplejo al contemplar a tres canteros que afanosos realizaban el mismo trabajo, el mismo trabajo, con una actitud bien diferente en cada uno de los tres. Detuvo su montura y observó más atentamente, para intentar comprender que hacia que cada uno se condujera de manera tan dispar.
El primer cantero, se paraba constantemente durante la realización del trabajo, se quejaba, vociferaba y maldecía asqueado. El segundo, se mostraba silencioso, ensimismado, y como el anterior, utilizaba las herramientas propias de los canteros, pico, cincel, escoplo y martillo, para dar forma a las piedras que arrancaba de la tierra. Sus paradas no iban acompañadas de quejas, sólo de una atención concentrada para comprobar la calidad de su propio trabajo. El tercer cantero, como los anteriores, también arrancaba, cincelaba, comprobaba… pero entonando una alegre canción, ensimismado en su trabajo. Sus paradas de comprobación iban acompañadas de gestos claros de interpretar: se sentía satisfecho de lo que hacía.
La aparente disonancia, hacia que el viajero francés se fijara con más ahínco en los canteros, tratando de medir cualquier gesto o circunstancia que le diera la clave de sus desiguales comportamientos. Nada. Pasado un tiempo sen rindió. No comprendía, así que decidió preguntarles.
Se dirigió al primer cantero y le pregunto: “¿qué hace usted?”. El cantero le miró de soslayo escéptico del interés del viajero. Le explicó entre dientes que pasaba. Del alba al anochecer, la jornada haciendo lo mismo, día a día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Si llovía se mojaba. Si hacía sol, se tostaba. Maldecía su mala suerte
El segundo cantero se sorprendió de la pregunta, “¿qué, qué hago?” y le explicó como daba forma a las piedras que arrancaban. Se preocupaba de forma casi obsesiva que quedaran den forma cúbica. Y diciendo esto, continuó.
El tercer cantero había escuchado, ya le esperaba; lo recibió con una sonrisa y antes de que francés pudiera decir nada, se anticipo contestándole con evidente satisfacción. “estamos construyendo la Catedral del Burgos” y siguió con su trabajo y sus canturreos.
