En una organización este concepto se puede reducir a clima emocional, que es un estudio sobre las emociones y estados que influyen en el rendimiento y el desempeño de las personas dentro de la organización. Éstas emociones están dirigidas por un líder, que puede ser el líder en jerarquía (el CEO, el Director general) o por el contrario, ser una persona que, de facto, se convierte en el líder emocional de la empresa. Lo habitual en el mundo empresarial es el segundo caso, debido a un proceso que ya se ha tratado, mediante el que las personas prefieren la resonancia, manifestada en emociones positivas, a la disonancia, manifestada en emociones negativas.
Además, las personas buscamos orientación emocional del líder. En ocasiones tenemos claro cual es líder, que es aquel que induce esas emociones que nos permiten tomar decisiones. No seguiremos igual a aquel líder que induzca en nosotros un sentimiento de miedo que a aquel que induzca emociones de euforia. El problema es cuando se mezclan estas emociones para crear algo. Hitler promovía un sentimiento que tenía un componente emocional de ira asco y miedo, que provocaba un odio sobre el que se sustentaba todo el tercer Reich.
Por tanto, en una organización podemos detectar un líder emocional y un líder jerárquico, que no siempre confluyen en la misma persona, y el estado emocional del líder será determinante en cómo es líder influye en la organización, provocando un cierto efecto de brújula emocional que será la que marque el rumbo de la misma.
¿Cómo podemos utilizar a favor el contagio emocional? En primer lugar, hay que ser consciente de las propias emociones, para luego poder inducir estados emocionales en nosotros mismos que podamos trasladar a los demás. Es probable que te preguntes donde entran aspectos como la manipulación en esta ecuación. La manipulación no es sino una forma de inducción para provocar ciertas emociones en las personas, de una forma consciente por el manipulador y de una forma que puede o no ser consciente por el manipulado. Las personas somos manipuladoras por naturaleza, aunque culturalmente sólo se considera manipulador a aquel que conscientemente lo es.
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Seguro que has oído hablar alguna vez de 2001: Una odisea espacial. Una película en la que, en un contexto futurista, se establecían una serie de conceptos que se aplican día a día a nosotros cómo personas. Se trata de un film que en cierto modo, cambió muchos de los pensamientos establecidos sobre la conciencia humana e introdujo otros nuevos.
Más allá de esto, ¿Alguna vez has sentido que en un grupo de personas existen conexiones más allá de las verbales, paraverbales y no verbales, que consiguen transmitir estados emocionales de unas personas a otras creando unos estados de grupo o sistémicos -referidos al sistema-? Esto es la dimensión primal.
En esta dimensión, que podemos imaginar como una dimensión más en nuestro espacio, y de la cual no podemos ver nada, pero si sentir sus efectos, se produce un efecto de influencia. Recuerdo que hace unas semanas estaba discutiendo con un cliente el retraso sobre unos pagos y la tensión era palpable en el ambiente. Ambos estábamos enfadados porque un malentendido había hecho que mi cliente no pagara cuando debía y que este no recibiera el trabajo que esperaba a tiempo. En un momento dado, mi socia llegó y se incorporó a la conversación. Venía riendo porque el chico que se encarga del mantenimiento del edificio le había contado un chiste sobre unos monos. Nada más que el hecho de que su estado emocional fuera de alegría y sorpresa, influyó mucho en nuestro estado emocional, relajando mucho la conversación.
Esto es debido a que las emociones, como muchas veces digo en mis charlas, son las que realmente guían nuestras vidas. Además, el neocortex es esa parte del cerebro que está preparada para gestionar las relaciones sociales complejas, en donde se produce un efecto de empatía con las personas que tenemos alrededor, aunque físicamente no las veamos. Este efecto es conocido como presencia implícita en Psicología Social. Así, la empatía es algo que utilizamos día a día de una forma natural.
Hay que tener en cuenta que, dependiendo de las emociones, éstas tendrán un efecto de resonancia o de disonancia en el entorno. No es lo mismo conseguir hacer reir a un grupo de personas, que tendrá un efecto positivo y generará valor social en el grupo, que insultar a una de las personas o al grupo completo, que tendrá un efecto negativo y, generalmente, de rechazo.
Uno de las competencias más importantes para entender la dimensión primal y saber utilizarla a favor, es la inteligencia emocional, definida como la autoconciencia emocional de uno mismo y la gestión de las emociones propias. Es interesante resaltar que el mero hecho de saber que estoy enfadado no me hace competente para saber gestionar el enfado de forma que tenga un resultado que yo considere positivo. Por último, el liderazgo agrupa todos estos elementos para conseguir un bien para el grupo o sistema, y saber usar la dimensión primal será necesario tanto para ser un lider cómo para liderar.
]]>Las tres razones que llevan a esgrimir esta frase son:
Otra cosa es que el coste sea tan alto que no merece la pena hacerlo. Pero generalmente nunca se llega a este punto
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